Era un joven muy manso
el cual pasaba su mano
por los campos de cereal.
De que viviera, ¡así viviera!
no había ninguna duda:
viendo siempre hacia el madero
el cual era su corazón y voluntad.
No había códices que narraran su camino
ni pintura rupestre que documentara su andar
sólo fue delante de Dios un niño muy lindo
que a sus pies, ¡sí a sus pies!, iba todo a dar.
Si en algo le fue bien y atinó, ¡sí atinó!
fue tener en cuenta a Dios en su destino
allá se le tomará en cuenta cómo procedió
que en mi ¡sí en mi! siempre hubo buen motivo.








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